Juan Rivera “Para mí diseño, dramaturgia y dirección son la misma cosa”.

04 noviembre of 2014 por

 Conocemos a Juan Rivera desde hace años por su trabajo como diseñador, dramaturgo y director, en la Compañía “Los Contadores Auditores”, de la cual, además, es uno de sus fundadores. De su autoría son “Karen, una obra sobre la gordura” (2007), “Los dinosaurios desaparecidos” (2010) y “La Tía Carola” (2011). Hoy nos entrevistamos con él a propósito del estreno de su última pieza “Palo Rosa”, dirigida por Alexandra von Hummel y que se encuentra hasta el 8 de noviembre en el Teatro de la Universidad Católica.

Por Nora Fuentealba Rivas
Hablemos de tu faceta como dramaturgo. Se ha estrenado “Palo Rosa”, cuyo texto te pertenece. Esta es la primera vez que no diriges uno de tus textos. ¿Desde dónde emerge el interés o necesidad de escribir más allá del trabajo realizado con “Los Contadores”?

Siempre estuve metido en todo lo creativo desde chico, en primero medio estaba en el taller de teatro, allí separaban a los niveles. Los de tercero y cuarto iban a hacer una obra que era “El principito”, y que era muy bacán, de hecho la hicieron, y nosotros íbamos a hacer cualquier cosa, que era como una creación colectiva. Yo dije: “que fome”. Queríamos hacer una obra, así que la escribí yo, y me lancé, se la mostré a mi profe, y me dice: “¿Esto lo escribiste tú?” le respondí: “no sé… por si acaso”, y dijo: “está bacán, ¡hagámoslo!”. Era una comedia así como… media “molieresca” y nada, nació de la inquietud de ¿por qué no? Nunca investigué al respecto, como que había visto un par de obras, porque en Puerto Montt no llegaban tantas. En toda la media escribí varias. Después llegué a la carrera y, claro, como decidí estudiar diseño ya me fui por otro camino, pero como estaba la instancia del “Festival Víctor Jara” dije: “voy a probar”, mandé una vez un texto y no salió nada. Después cuando ya estaba en cuarto me pasó algo parecido como esa vez en el colegio, pensé ¿y por qué no? Para mí el diseño, la dramaturgia y la dirección, en el fondo son la misma cosa. Lo principal es contar historias desde distintos lugares, desde distintos lenguajes, para mí es lo mismo, por eso en la compañía lo hacemos así.

Entraste a teatro en el colegio porque querías actuar, luego terminaste escribiendo, pero más tarde elegiste estudiar la carrera de diseño teatral, ¿Por qué no actuación o literatura? ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?

Porque sentí… cuando descubrí la carrera investigando por internet (“descubrí”, porque todo el mundo la conoce muy tarde) que esto era como: “¡oh! combina las cosas que más me gustan”, que en esa época era el teatro por un lado, que no era sólo actuar sino que también escribir, y todo lo plástico, estuve también a punto de estudiar diseño gráfico. Entonces lo vi como una posibilidad en donde podía hacer muchas cosas. Además es una de las pocas carreras en el mundo donde el diseño teatral tiene vestuario, escenografía, iluminación. Generalmente son más específicas. Y esa introducción te da, o al menos me ha dado a mí, una base muy bacán para entender el teatro como un fenómeno global, no tan sólo desde la actuación o desde el texto.

Felipe Olivares y Juan Rivera

En un texto que escribiste con Felipe Olivares (cofundador de “Los Contadores”) para la “Revista Apuntes de Teatro” llamado “La estética de la peluca”, hablan en relación a la obra “Karen”, que se vieron enfrentados al problema de cómo realizar una obra sobre personajes obesos si en la universidad no hay actrices gordas, situación que resolvieron con el recurso del disfraz. A partir de eso ustedes hacen una analogía a la forma con la que enfrentan al texto, la que se estructura pensando en capas que, al igual que un disfraz, oculta algo que hay debajo y que es develado. Me gustaría pedirte que pudieses explayarte en esa idea y al mismo tiempo especular en cómo podría replicarse en otros textos.

Fue un descubrimiento. Igual yo considero que la primera obra de un dramaturgo es un poco: “qué es lo que yo creo en el teatro”, y la obra en sí tenía muchas capas. Yo empecé escribiendo una historia de una familia donde había una niña gorda que se ponía a pololear con un documentalista, ella no sabía que era documentalista, y en verdad la estaba engañando y quería hacer un documental sobre la gordura. Y me quedé corto con eso, me di cuenta que esto en verdad no se trata solo de que se devele que es un documentalista, sino que al mismo tiempo esto estaba dentro de una obra de teatro, y después esto era como la mente de ella, y después que era la mente mía. De hecho en la primera versión aparecía yo dentro de un disfraz. Y claro, teníamos todo ese problema con el teatro y la representación y lo político de que no hubiese actrices gordas. Dentro de eso empezamos a encontrar un lenguaje al disfrazar a las actrices, pero porque tuvimos que hacerlo.

Cuando empezamos a pensar en el diseño yo terminé el texto y dije: “yo no puedo armar algo como verosímil cuando tengo una actriz con un traje de espuma, por eso tengo que decir que en verdad ella no es gorda, sino que esta es una obra de teatro”. Pero luego de eso, las mismas actrices me dijeron: “se supone que nosotras somos actrices y podemos interpretar lo que sea”, entonces con Felipe nos dimos cuenta que el teatro podía permitir la verosimilitud independiente de lo raro que fuera la puesta en escena y nos aprovechamos de eso convirtiéndolo en el lenguaje de nuestra compañía: el tema de la peluca, del disfraz, de lo grotesco, de lo pegado con scotch. Pensamos que esa suciedad nos ayudaba también a distanciar la obra y es un desafío inicial que nosotros nos ponemos. Estamos extrañándola, pero al mismo tiempo tenemos que lograr que eso sea entendible para el público, que la gente lo compre y sea un mundo raro. Eso ha definido también nuestros textos.

Y en retrospectiva imagino que los intereses o forma en la que te enfrentas el texto, más allá de la “política del disfraz” ha ido sufriendo ciertos ajustes, en especial ahora que participaste en “Los Talleres de Dramaturgia del Royal Court Theater” que se impartieron acá, donde terminó por concebirse, “Palo Rosa”.

Yo que estoy más o menos dentro no sé si pueda trazar una línea recta desde un principio a un fin, pero sí creo que en cada obra me planteo desafíos distintos. “Palo Rosa” fue un ejercicio de mucho aliento, casi dos años escribiéndola, entonces me tuve que esforzar como a “re”, porque en el contexto del taller nos hacían revisitar, reescribir, volver a pensarla, entonces pude acercarme a un lugar más dramático al que yo nunca había entrado.

En general, en todas las obras entro desde una especie de problema que yo quiero resolver, como en “Manual de Defensa Personal” (2013), allí quería hacer una obra con un personaje, al final no pude y tuve que hacerla con dos, dije voy a hacer una comedia romántica, entonces forcé un poco. Cada vez que escribo trato de poner un problema para no copiar. Creo que cada proyecto tiene una propia identidad.

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Ahora que ya estamos hablando de tu experiencia en los talleres de “La Royal…” nos podrías contar brevemente de qué trata “Palo Rosa”

Creo que “Palo Rosa” es una obra sobre el miedo. Si tuviera que sintetizarla en una cosa, sería sobre el miedo a lo distinto, a no entender. Habla de personajes que no saben muy bien dónde están parados, y por la ignorancia comenten las cosas que hacen. Sobre todo el personaje de la abuela que ve algo en su nieto que le da mucho miedo y que no sabe lo que es, y ve que el mismo nieto tampoco lo sabe muy bien, y decide hacer una acción muy terrible pensando que está haciendo un bien para él, pero que dentro de esa acción hay una violencia que no es sólo de ella sino que también de una sociedad que violenta lo distinto, lo que no se ciñe a las reglas. Después de lo que pasó con Zamudio, que fue algo muy terrible para el país, pensé que esta violencia que es tan grande, tan explícita, también existe a una escala familiar, a una escala de la palabra, entonces trasladar esa escala de violencia a un contexto familiar me pareció interesante como ejercicio.

¿Desde dónde surge trabajar con Alexandra? ¿Cuáles crees que han sido los resultados?

El teatro UC presentó la posibilidad de incluir el texto en su cartelera, pero yo no sabía que lo dirigiría otra persona, después cuando salió el nombre de la Alexandra entre las posibilidades, yo estaba muy contento porque es alguien a quien admiro personalmente y me gusta mucho su trabajo, así que decidí confiar. Además pienso que su visión del teatro puede tener muchas diferencias como similitudes con “Los Contadores”, lo que podía ayudar a ver otro lado del texto que yo no había visto. Yo estoy contento porque en realidad es una visión muy particular de la obra, quería hacer el ejercicio de sorprenderme y así fue, es una propuesta súper como concreta. Andrés Kalawski (dramaturgo) me decía que igual es una mezcla entre “Los Contadores” y “La María”, así que al final igual terminó siendo un poco eso y es entretenido ese cruce.

Por último ¿Cuál sería tu invitación para ir a ver la obra?

Yo creo que lo que escribo se puede ir a disfrutar desde distintos niveles, desde ir a reírse de algunos chistes hasta encontrar un contenido un poco más profundo, y en esta obra en particular se aborda un tema que está de “moda” en Chile, y que pensaríamos que en el 2014 no pasa, pero sigue pasando, y siguen habiendo crímenes de odio, violencia y tortura a las personas que son distintas y la obra habla de eso. Creo que el cruce es entretenido para ver, entre el humor y lo dramático. La tragicomedia que a mí me gusta en el teatro. Yo iría a ver una obra así.

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