Paula Ilabaca debuta en la novela con “La regla de los nueve”

31 julio of 2015 por

Poeta insigne de la novísima poesía chilena, hoy Paula Ilabaca lanza su primera novela por Editorial Planeta La regla de los nueve, donde cuenta en diferentes tiempos, y desde diversos puntos de vista, la historia de Gabriel, un universitario de La Florida a fines de los años ’90 que termina protagonizando un confuso caso policial.

En el libro nunca entendí qué es exactamente la regla de los 9.

Es una proporción matemática de división del cuerpo que permite calcular cuánto porcentaje del cuerpo está quemado, en el marco de un peritaje policial o un análisis criminal.

Ah, entiendo. Acá hay una mezcla muy particular entre el mundo de la poesía y el mundo de la PDI, donde trabajaste muchos años.

Cuando comencé a escribir la novela, me puse en el punto de vista de la mamá de Gabriel, después de una tragedia que no sabemos aún de qué va… y ella hablaba con alguien, y luego de mucho tiempo me di cuenta que ese interlocutor podía ser un policía. Y después me sumergí en la escritura del diario de vida de Gabriel que me llevó de vuelta a mi época de joven, algo que yo conocía muy bien, la pasión por la poesía, la postura punkie ante la vida. Me propuse ahondar en ese cliché hasta sacarle su verdad.

¿Esta historia ganó los juegos literarios Gabriela Mistral bajo el título “En llamas”, no?

Sí, el manuscrito inicial tenía sólo retratado ese mundo, que son las 3 primeras partes: la declaración de la mamá, el diario de vida de Gabriel y las cartas de amor de Edith. Pero la verdad es que algo me faltaba, y fue ahí cuando comencé a pensar en la posibilidad de incluir una cuarta parte, que es la policial. Y fue tremendo, porque en la Editorial me lo sugirieron al mismo tiempo, y por ende no podía ser coincidencia y tomé ese camino inmediatamente, temas que además yo conocía por mi trabajo en la PDI.

¿Pero tu trabajo en la PDI no era como gestora cultural?

Sí, pero sólo el último tiempo. Fui perito criminal durante 3 años!

¿En serio? ¿Visitaste escenas de crímenes?

Sí, y analizaba cartas de suicidio, aprendí a escuchar, a observar, todo ese mundo también es parte de mi. De hecho antes de incluirlo en el libro oficialmente, a través del punto de vista de dos detectives, la historia ya contenía elementos policiales, sólo había que pulirlos.

Paula Editada 03

Encuentro dolorosa la primera parte del libro, la relación fracturada entre Gabriel y su mamá, su contexto social, su historia… ¿cómo llegaste a formar esa perspectiva con tantos detalles?

Se me ocurrió una vez en medio de una lectura poética. Vino la mamá de un chico muy joven y para mi fue evidente, en ese minuto, que la poesía es el momento en que te vuelves completamente autónomo y tus papás pierden su soberanía, su poder sobre ti. Me pregunté que habrá pensado mi mamá en la época que comencé a escribir poesía, siendo tan chica… en el mundo de la poesía los papás no tienen autoridad. Recuerdo que a los 19 años, en un taller que tomamos con Sergio Parra, nos dijo que antes de escribir debíamos matar a las instituciones, y nosotros que éramos muy chicos dijimos ‘el colegio’, ‘la iglesia’, y no… era la familia. No matarla en el sentido literal, pero es básicamente que tu mamá no puede habitar mi texto, ese espacio es mío.

¿Fue difícil ponerse en distintas voces y puntos de vista sobre la historia?

La verdad es que no, pero yo creo que es porque vengo de la poesía. Cuando escribes un poema siempre hay muchas voces, te abordan, te poseen… por eso no me fue difícil escribir a la madre, a Gabriel, a Edith, y después a dos detectives, cada uno con un punto de vista diferente.

Tú eres como la detective Leiva, vas al pasado, observas lo ocurrido y tratas de hacerte cargo de la reconstrucción del puzzle.

Sí, totalmente. Imagínate que sufrí demasiado cuando tuve que escribir el momento en que la detective Leiva por fin entraba en la habitación de Gabriel. Estaba escribiendo y cuando llegaba a esa parte me paraba inconscientemente, me acordaba que tenía que hacer trámites, hacía el aseo, me iba a bañar, lo que fuera con tal de evitar sentarme y escribir esa escena. Me puse mil excusas.

Me llama la atención que efectivamente era muy distinto ser outsider en los noventa y ser outsider ahora… había un sentimiento más oscuro y profundo, había más nihilismo.

Hoy todo es más inmediato, más exhibicionista. El acto de rebeldía es el piercing, el tatuaje, el corte de pelo… y aún así todo me resulta más homogéneo, más estandarizado. Antes había tribus, y había convivencia entre ellas. Creo que ahora todo es más sectario, está más digerido el tema de la diferencia.

Es crucial el año 99 en el libro.

Sí, es el fin de siglo, Disco 2000 de Pulp, el fin del mundo. Se generaron muchas expectativas y muchas desilusiones… no vino un mejor país, no fuimos una mejor ciudad, nosotros nos fuimos chicos de la casa y comenzamos a trabajar pronto en una vida muy adulta, todo fue muy rápido.

Te refieres a los que pertenecían al mundo de Edith y de Adrián, de Gonzalo… los poetas jóvenes en definitiva?

Sí, es un retrato realizado desde cerquísima.

Es curioso que era una generación muy previa a las etiquetas, vivieron sus disidencias sin banderas

Claro, por ejemplo la escena del ascensor no tiene ninguna connotación de género. La palabra gay no existía en ese minuto…. En la novela no se alcanza a abordar ese tema, pero estaba latente.

Hay otras señales claves para entender la época, la atmósfera… como cuando Gabriel se va del carrete pero se queda con unos punkies en la esquina. Barrio Brasil, la Alameda…

Eso me parece lindo, me parece poético… para mi es un recurso crítico con el presente: volver a ese lugar de los 90 cuando estábamos despojados, cuando caminábamos desde la Blondie hasta Plaza Italia a las 4 de la mañana, pasando por medio de todo y sin importarnos nada.

Y cuando amabas con veneración. Me llamó la atención eso que dice Edith en sus cartas… qué es exactamente?

Amar como poeta, amarse entre poetas es amarse con veneración, sobretodo cuando tienes esa edad. Muchos amigos han leído esa parte del libro y se han reído porque es verdad, admiras todo: la forma que tiene de hablar, de ser, hasta las colillas de cigarro que bota al piso. Básicamente si juntas a dos poetas va a quedar la cagada.

Qué linda esa veneración teenager del poeta, es lo más romántico que existe, ojalá poder volver ahí y sentir esa fuerza, que no solo es idealista sino que también es carnal, es voraz.

Paula Editada 02

¿Por qué le cambiaste el título “En llamas” que parecía tan adecuado?

Por Hunger Games! No quería que la gente llegara a la librería y le pasaran Los juegos del hambre: en llamas, jajaja. O que mis alumnos me dijeran ‘mire profe, como su libro’.

¿Estás haciendo clases?

Sí, siempre he estado haciendo clases, talleres… y ahora hace poco tuve que renunciar para concentrarme 100% en el libro.

Esta es tu primera publicación con una editorial más grande, me imagino que debe ser distinto.

Sí, hay mucho apoyo. Tener editor a tu lado es algo fundamental, él lee y te propone, luego recibe tus cambios y vuelve a proponer. Yo tenía todos, pero TODOS los prejuicios que te puedes imaginar de la figura del editor. Recibí el primer correo de Editorial Planeta y comenzaron mis prejuicios en el acto, porque de verdad el trabajo de edición es global, va desde la estructura, el orden de los capítulos, de la historia, de las palabras. Al principio sufrí, pero a la larga es un proceso genial.

Qué cosas hubieras dejado de hacer o hiciste debido al editor.

Yo al final del libro, en la parte 4, echaba de menos a Gabriel. Lo quería recuperar a toda costa, quería seguir con él porque es un personaje al que le tengo demasiado cariño. Pero su ausencia, al final, es la que le da potencia a la escritura criminalística, y eso me lo hizo ver alguien con una mirada externa.

Gabriel termina siendo punkie por agarrar un libro, es como la figura inversa.

Claro. El libro siempre ha sido un objeto peligroso, por eso la manera que tiene Gabriel de rebelarse es volcarse hacia la cultura. Es oscuro, pero sin ser posero. Yo cuando más chica era gótica, me rompía las pantys al salir de la casa, por ejemplo, era posera. Gabriel es más denso, tiene un rollo con el fuego, con el sadismo… y los libros. En La regla de los nueve los libros son la biblia, por eso Edith decía estar enamorada de Jorge Cáceres.

¿Te imaginas una película del libro?

Absolutamente. Una vez estaba súper deprimida conversando con mi hermano, porque no encontraba la voz de la novela. Él me dijo: sabes que? No he leído la novela, pero por todo lo que me has contado es una película. Yo ahí reaccioné y fue un punto de vista que me permitió seguir trabajando

¿Hay algo de inspiración de la vida real? Me refiero a la muerte de Gabriel…

Sí, hay un amigo muestro que murió y me inspiré mucho en su caso. Se llamaba Ramiro, estuvo con nosotros en un taller de poesía de Balmaceda 1215, siempre llevaba un cuadro de pintura a medio terminar y la verdad es que era un chico muy raro. De un día para otro dejó de ir al taller y después supimos que murió en extrañas circunstancias… al parecer hubo un accidente en su pieza con la estufa, y su mamá sobrevivió al incendio. Esto fue por ahí por el 2000, y 14 años después me junté con unos amigos y comenzamos a recordar a Ramiro, y ahí recién escuché que una de las teorías era que se había suicidado. Algo que nunca podremos saber, en todo caso… el libro, de alguna manera, va dedicado a su memoria.

Pero también la muerte de Gabriel es una metáfora de todo lo que se quedó sepultado en ese tiempo, en los noventa. Es un testimonio de todo aquello que murió.

En esta novela aparece por primera vez de forma clara el tema de la muerte.

Es que en mis libros de poesía también hubo de forma simbólica una alusión a la muerte, en Ciudad Lucía era la muerte de la virginidad y en La perla suelta moría el deber ser femenino. Ahora, estas son las lecturas que hace uno de su propio trabajo, y a veces puede sonar forzado intentar construir una continuidad, sobretodo porque los otros textos eran de poesía y esta es una novela.

Por último, ¿Te identificas más con Gabriel o con Edith?

Con Gabriel, definitivamente.

O sea, su oscuridad puede ser tu propia oscuridad.

Obvio, si no de donde va a salir la escritura, entonces.

Por Roberto Doveris

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